Negociar condiciones laborales también es parte del proceso de selección


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Negociar no es solo hablar de salario.

Es entender con claridad el alcance del rol, las responsabilidades reales, los objetivos esperados y el impacto que una persona puede generar en la organización.

Cuando ambas partes comunican con transparencia y datos concretos, la negociación deja de ser incómoda y se convierte en una conversación profesional que sienta las bases de una relación laboral sostenible.

Buscar trabajo también implica elegir dónde y cómo aportar valor.

Y eso empieza por alinear expectativas desde el primer contacto.

Durante años, a muchos profesionales se les enseñó —de forma explícita o implícita— que negociar era peligroso. Que lo correcto era agradecer la oferta, no hacer demasiadas preguntas y aceptar las condiciones tal como venían para no quedar “mal posicionados”. Sin embargo, la experiencia demuestra que las negociaciones que no se hacen al inicio reaparecen después como conflictos.

Negociar no significa desconfiar ni exigir. Significa ordenar el vínculo desde el principio. Entender qué se espera realmente del rol, qué decisiones estarán bajo tu responsabilidad, cómo se medirá el desempeño y con qué recursos se contará para alcanzar los objetivos. Sin esta claridad, el puesto se construye sobre interpretaciones, y las interpretaciones rara vez coinciden entre la persona y la organización.

Desde la mirada de Recursos Humanos, es frecuente ver ingresos con expectativas desalineadas: personas que aceptaron roles poco definidos, objetivos difusos o promesas abiertas que “se verán más adelante”. Con el tiempo, eso genera desgaste, frustración y, muchas veces, salidas anticipadas que podrían haberse evitado con una conversación clara al inicio.

Buscar trabajo no es solo ser evaluado. También es evaluar. Evaluar si el contexto es coherente con el nivel de compromiso que se espera, si el impacto requerido está alineado con la compensación, si la cultura y el liderazgo permiten rendir bien y sostener el rol en el tiempo. Elegir conscientemente dónde y cómo aportar valor es parte de una trayectoria profesional saludable.

Negociar bien no garantiza siempre un acuerdo, pero no negociar casi siempre garantiza problemas futuros. Una buena negociación no busca ganar la conversación, sino comenzar la relación laboral con reglas claras, expectativas compartidas y un marco de trabajo honesto.

Negociar no te vuelve un candidato difícil.

Te vuelve un profesional consciente, responsable y estratégico.

Y hoy, eso también es un diferencial.